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Mi suerte

Su truco consiste en ser lo que no sabías que estabas buscando, pero cuando te encuentras con él piensas:
“¿Dónde has estado todo este tiempo?”
A eso lo llamo yo magia. La magia que tienes de hacer que confíe en ti incluso con los ojos cerrados, la boca abierta y el pecho ardiendo. Esa magia que hace que todavía sonría desde la última vez que me besaste.
A veces te juro que te miro y veo florecer a la primavera en tus labios. Y qué ganas de devolverle todas las flores. A veces, por las noches, me dan ganas de asaltar tus ojos y quedarme a vivir en ese brillo que tienes, en tu mirada inocente que todo lo sabe y acaba conmigo. Ser la niña de tus pupilas, hacerme dueña de tu iris y clavarme en tu retina.
Tienes esa paz tensa previa a la guerra que pone nerviosos a los valientes y que convierte en salvajes a los cobardes. Roma ardiendo y tú infinito. He pasado tantas noches entre tus brazos, que mis sueños aún huelen a caricias y podría decirte en cualquier momento que me convertí en el epice…
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Olimpo

Me parece muy descortés por tu parte que todavía no estés aquí después de llevar toda la vida esperándote. Y cuando digo “aquí” me refiero a esta puta cama en la que cabemos tú, dos corazones y yo. Y quizás un poco –bastante- de sexo. Debería enfadarme con las mariposas que hicieron huracanes en tus ojos porque en este momento no me mueven el pelo. Ni las mariposas tampoco. Debería gritar, chillar y saltar como una loca porque el rojo de mi pintalabios se ha desgastado en mi almohada y no en la tuya.

Debería decirte que son 14 días los que tarda la Luna en crecer hasta ser luna llena y tú has tardado años en prometerme que ella pasaría envidia. Y lo de estar aquí no sé, pero lo de prometer y cumplir lo llevas rigurosamente a rajatabla. Como se debe hacer. Porque habrás llegado hace poco, pero me encanta pensar que, en algún momento de nuestras vidas, justo en el mismo momento, nos dimos cuenta de que las promesas pesaban más que las palabras. Para los demás. Para nosotros solo supone t…

Pertinente

Qué bonito eso de que te den una nueva oportunidad. Pero que te den una sin haber perdido otra, como quien sabe que no ha disfrutado plenamente de las estrellas y a la noche siguiente están ahí de nuevo.
Qué jodida maravilla cuando decidiste que cada día era una nueva oportunidad, como si supieras que los besos que te iba a dar o las palabras que iba a decir siempre se quedarían pequeños en un mundo lleno de gigantes con prisas.
Como cuando te vas y me quedo con la duda de si volveré a verte. Y siempre, siempre vuelves. O mejor. Nunca terminas de irte. Permaneces en el olor de mi almohada, en ese beso húmedo que aún moja mi cuello, en esa caricia en el pelo que todavía siento en mis entrañas.
Cada día es como una bomba a punto de explotar, con los cables oxidados y el tiempo corriendo tan deprisa que no hay alma que lo haya hecho parar. Y vaya si acaba explotando... Y suena justo como tu risa cuando te ríes a mi lado de algo sin importancia. Me revienta los tímpanos y me descose la p…

Perdóname

Después de una breve pausa en nuestra conversación, vuelves a la carga con tu recital de palabras y la verdad es que hace ya tiempo que dejé de escucharte. Perdóname, pero no puedo evitar fijarme en esa boca que me habla y me sonríe y medito sobre si tú estarás pensando lo mismo que yo: "que ganas de comerte" -o de correrme-. Imagínate el esfuerzo que tienen que hacer mis sentidos para no desviarse del tema (aunque, ¡joder!, el tema eres tú). Y vuelvo a pensar que si me sonríes otra vez, yo hago revoluciones para vivir en tu sonrisa. Y vuelves a hacerlo. Tan natural, tan tormenta... y yo tan amantes del caos. Y creo que dices cosas como inventar un tipo de teletransportación para reírnos de la distancia. Yo firmo, donde sea; ojalá en tu piel. Esa piel que ya reconozco como la huella dactilar que me desbloquea. De repente se me viene a la cabeza pensar que el vértigo no se siente solo con mirar hacia abajo. Que también se siente cuando vuelves la vista atrás hacia ese pasado…

Me falta vida

A mí los lunes me saben a hastío. Los martes te echo mucho de menos y no quiero miércoles sin tu espalda. De los jueves ni hablamos. Y los viernes no me alcanzan para demostrarte cuánto te quiero. Los fines de semana no deseo otra cosa que no sea descansar mi mano sobre tu vientre y curiosear un poco más abajo y que sean míos tus gemidos.  Entre horas lo que quiero es que repitas mi nombre hasta cuando no estás conmigo. Y que vayas por ahí y sonrías de la nada cuando recuerdes mi susurro en tu oído. Yo seguiré siendo ese péndulo entre la mujer huracán y la que se sonroja si le dices que es más bonita que la noche. Seguiré marcando el ritmo de tus deseos y de tus erecciones a deshora e incendiaré tu mundo un día cualquiera a mediodía porque estás hecho de un fuego que me fascina. Y te juro que ahora soy capaz de arrancarte la ropa, de romperte los miedos, de cerrarte las heridas y de quedarme para todo. Que desde que estamos juntos entiendo lo de soñar sin dormir y me creo lluvia y te…

Confidencia

A ti tengo que confesarte muchas cosas. Te confieso que me entraste desde el primer día que te vi reír. Te confieso que no había visto sonrisa más sincera en la vida. Tengo que confesarte que a veces me pregunto a quién esperaba. O qué esperaba de ese alguien. Espero que alguien me cuente por qué no apareciste antes. O por qué tardé tanto en verte. Te confieso que me pregunto qué sería yo hoy sin ti. O qué continuaría siendo. He de decirte que pienso que sin saberlo (o sabiéndolo) dejaste un hueco para que esta que te escribe se metiera en tu vida cuando menos pensabas. Cuando menos querías. Dejaste un hueco suficientemente grande para que cupiera yo. Con todo lo que eso supone, que no es poco. Y te dije que iba a quererte tanto que todo lo que hemos vivido solo iba a ser el prólogo. Y te dejaste querer. Te dejas querer. Alguna vez me dijiste que nunca habían luchado por ti. Lo que no sabes es que estabas en las batallas equivocadas. Ahora te encuentras en medio de una guerra. Una gu…

Sincronía

Todo empezó con una coincidencia que me causaba curiosidad. Demasiada. Un par de palabras, una mirada, una sonrisa y aquel beso fugaz. Mejor que la magia. Me juego mi suerte a que ya la gasté toda el día que te conocí. Estabas roto. Te dije que te ayudaría porque confiaba (y confío) en ello y en hacerte creer aquello en lo que yo tampoco creía. Y todo por ese algo, ese algo que tienes. Ese algo que me gusta, me encanta y me enamora. Ojalá sigas teniendo un hueco en tus días para mí. Y ojalá sigas teniendo tiempo para regalarme, aunque solo sean segundos. Ojalá me sigas dando besos que produzcan escalofríos. Y sigas haciendo de un abrazo el mejor lugar para vivir porque me abrazas en los días de mierda y juraría que tienes morfina en la yema de los dedos cuando me secas las lágrimas.  Ojalá no dejes de quererme. Ni de recordarme que lo haces. Tu sonrisa es una de esas extrañas que logras ver cuatro o cinco veces en la vida. Parece entenderme y creer en mí justo como quisiera que me en…