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Perdóname

Después de una breve pausa en nuestra conversación, vuelves a la carga con tu recital de palabras y la verdad es que hace ya tiempo que dejé de escucharte. Perdóname, pero no puedo evitar fijarme en esa boca que me habla y me sonríe y medito sobre si tú estarás pensando lo mismo que yo: "que ganas de comerte" -o de correrme-. Imagínate el esfuerzo que tienen que hacer mis sentidos para no desviarse del tema (aunque, ¡joder!, el tema eres tú). Y vuelvo a pensar que si me sonríes otra vez, yo hago revoluciones para vivir en tu sonrisa. Y vuelves a hacerlo. Tan natural, tan tormenta... y yo tan amantes del caos. Y creo que dices cosas como inventar un tipo de teletransportación para reírnos de la distancia. Yo firmo, donde sea; ojalá en tu piel. Esa piel que ya reconozco como la huella dactilar que me desbloquea. De repente se me viene a la cabeza pensar que el vértigo no se siente solo con mirar hacia abajo. Que también se siente cuando vuelves la vista atrás hacia ese pasado…
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Me falta vida

A mí los lunes me saben a hastío. Los martes te echo mucho de menos y no quiero miércoles sin tu espalda. De los jueves ni hablamos. Y los viernes no me alcanzan para demostrarte cuánto te quiero. Los fines de semana no deseo otra cosa que no sea descansar mi mano sobre tu vientre y curiosear un poco más abajo y que sean míos tus gemidos.  Entre horas lo que quiero es que repitas mi nombre hasta cuando no estás conmigo. Y que vayas por ahí y sonrías de la nada cuando recuerdes mi susurro en tu oído. Yo seguiré siendo ese péndulo entre la mujer huracán y la que se sonroja si le dices que es más bonita que la noche. Seguiré marcando el ritmo de tus deseos y de tus erecciones a deshora e incendiaré tu mundo un día cualquiera a mediodía porque estás hecho de un fuego que me fascina. Y te juro que ahora soy capaz de arrancarte la ropa, de romperte los miedos, de cerrarte las heridas y de quedarme para todo. Que desde que estamos juntos entiendo lo de soñar sin dormir y me creo lluvia y te…

Confidencia

A ti tengo que confesarte muchas cosas. Te confieso que me entraste desde el primer día que te vi reír. Te confieso que no había visto sonrisa más sincera en la vida. Tengo que confesarte que a veces me pregunto a quién esperaba. O qué esperaba de ese alguien. Espero que alguien me cuente por qué no apareciste antes. O por qué tardé tanto en verte. Te confieso que me pregunto qué sería yo hoy sin ti. O qué continuaría siendo. He de decirte que pienso que sin saberlo (o sabiéndolo) dejaste un hueco para que esta que te escribe se metiera en tu vida cuando menos pensabas. Cuando menos querías. Dejaste un hueco suficientemente grande para que cupiera yo. Con todo lo que eso supone, que no es poco. Y te dije que iba a quererte tanto que todo lo que hemos vivido solo iba a ser el prólogo. Y te dejaste querer. Te dejas querer. Alguna vez me dijiste que nunca habían luchado por ti. Lo que no sabes es que estabas en las batallas equivocadas. Ahora te encuentras en medio de una guerra. Una gu…

Sincronía

Todo empezó con una coincidencia que me causaba curiosidad. Demasiada. Un par de palabras, una mirada, una sonrisa y aquel beso fugaz. Mejor que la magia. Me juego mi suerte a que ya la gasté toda el día que te conocí. Estabas roto. Te dije que te ayudaría porque confiaba (y confío) en ello y en hacerte creer aquello en lo que yo tampoco creía. Y todo por ese algo, ese algo que tienes. Ese algo que me gusta, me encanta y me enamora. Ojalá sigas teniendo un hueco en tus días para mí. Y ojalá sigas teniendo tiempo para regalarme, aunque solo sean segundos. Ojalá me sigas dando besos que produzcan escalofríos. Y sigas haciendo de un abrazo el mejor lugar para vivir porque me abrazas en los días de mierda y juraría que tienes morfina en la yema de los dedos cuando me secas las lágrimas.  Ojalá no dejes de quererme. Ni de recordarme que lo haces. Tu sonrisa es una de esas extrañas que logras ver cuatro o cinco veces en la vida. Parece entenderme y creer en mí justo como quisiera que me en…

Esto lleva tu nombre

He soñado que me acercaba a ti de puntillas y te pedía perdón por no haber tachado contigo todos los días del calendario de lo que llevas de vida. Me parece una pérdida de tiempo increíble el no haber rozado antes el cielo de tu boca con la punta de mi lengua, el no haber encajado mis ganas entre tus dedos y el no haber masturbado estas ansias de tu voz en mi garganta. Y es que todo lo que no sea follarte me parece mentira. Pero bueno, yo siempre he querido a alguien que llegue tarde para quedarse.
Me gustaría decir tu nombre, pero es en vano cuando aún nadie ha visto tu espalda tumbada en la arena: campo de estrellas que brillan para quien se atreve a mirar al cielo cuando se va a caer. Tú y tu espalda me habéis dado más poesía que todas las miradas del mundo juntas y yo no puedo evitar -ni quiero- plasmarla.
Porque ya no sé amanecer si no es a tu lado y me recuerdas que tienes un secreto en tu boca que me hace querer saberlo una y otra vez. He sabido mucho de ti y siempre me parece…

Nunca nada bueno

Nunca pensé que nadie pudiera llegar a ser capaz de escribir el inicio de mi sonrisa. Y aún continúa, sin un final definido. Y qué voy a decirte ya que no sepas, si todas las historias de amor que existen están en tus ojos. No puedo nada más que encontrar cada día un lugar en el que dejarte la marca de mis labios, y me falta cuerpo -y mundo-. Qué quieres que te diga si he visto eclipses que me han emocionado menos que las constelaciones brillantes de tu mirada. Y que tienes una mezcla de luz y oscuridad en la que siento que he sido eternamente feliz en otras vidas. Que estoy sedienta de inviernos en tu espalda y veranos entre tus piernas, como cuando decidí probar suerte y me supo a ti. Me encantaría contarte cada noche que si parpadeas en mi cama la vida me parece preciosa. Que ya ha llegado un punto en el que me siento Ícaro volando hacia ti sin ningún miedo a quemarme. Si es que ya no sé ni siquiera quién está soñando cuando te miro mientras duermes. Eres algo tremendamente bonito…

Alis volat propiis

Recuerdo perfectamente el primer día del resto de mi vida: no hizo falta llorar para coger oxígeno. Todo lo contrario, bastó mirarte para empezar a respirar. Desaprendí todo lo que había aprendido a lo largo de mi anterior huida, y cuando digo todo, es todo. Empecé a hacerte sentir parte de mis versos, siempre estabas dentro de ellos, eras un héroe, un héroe rescatado de un naufragio. Era la misma que tiene tantas cicatrices como heridas en la memoria, la que sabía romperse para hacerse escuchar y la que creía no necesitar a nadie para ser invencible. Aproveché para respirarte cerca de la nuca para escribirte una historia en el arco de tu espalda, con tinta invisible, para que no me recordases con el paso de los días, pero no pudieses olvidarme si volvía. Vida tras vida. Disparaba balas, y qué manera de hacerlo, a través de las palabras; me hacía sangre para creer que aún sentía algo, y que la sangre era capaz de contar historias que ya no había forma de evitar. Todas esas heridas se…