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Mostrando entradas de julio, 2018

Mi año cero

Podría hablarte de ciencia, de especialistas, de universidades o de estudios hechos en países que -ojalá- visite contigo. Podría hablarte de necesidad fisiológica, de impulsos, de reacciones químicas, de hormonas o de mil mitos y leyendas. Pero prefiero hablar de poesía. De la poesía de tus ojos. De ti y de mí. De cómo puedo sintetizar tu nombre en un "me encantas" y que la vida se te pare durante 14 segundos. De cómo sé hacer que tu piel solo quiera mis venas y que tu sangre se oxigene con cada risa que suena a mí. No sé si te lo han dicho alguna vez, eso de que la lógica escapa de las manos cada vez que pasas, y todo eso de que rompes los esquemas de cualquiera sin instrucciones para volver a unirlos, a lo loco, sin gracias, sin de nadas, sin el perdón que precede a alguien que arrasa con todo cada vez que entra en una vida. No te culpo. Ya estaba demasiado rota cuando llegaste. Y, sin embargo, ahora mis ciclos cardíacos pertenecen a tu voz y cada sístole

Mi suerte

Su truco consiste en ser lo que no sabías que estabas buscando, pero cuando te encuentras con él piensas: “¿Dónde has estado todo este tiempo?” A eso lo llamo yo magia. La magia que tienes de hacer que confíe en ti incluso con los ojos cerrados, la boca abierta y el pecho ardiendo. Esa magia que hace que todavía sonría desde la última vez que me besaste. A veces te juro que te miro y veo florecer a la primavera en tus labios. Y qué ganas de devolverle todas las flores. A veces, por las noches, me dan ganas de asaltar tus ojos y quedarme a vivir en ese brillo que tienes, en tu mirada inocente que todo lo sabe y acaba conmigo. Ser la niña de tus pupilas, hacerme dueña de tu iris y clavarme en tu retina. T ienes esa paz tensa previa a la guerra que pone nerviosos a los valientes y que convierte en salvajes a los cobardes. Roma ardiendo y tú infinito. He pasado tantas noches entre tus brazos, que mis sueños aún huelen a caricias y podría decirte en cualquier momento que me conver