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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Sigue llenando este minuto de razones para respirar

Cae la noche y con ella se rejuvenecen los corazones. Las estrellas brillan como las miradas de los enamorados. Calles aparentemente vacías, ruidos sordos, risas calladas, respiraciones entrecortadas. De repente noto como mi melena corta el viento cuando me giro atraía por ti. Me atrapas y me dejas caer. Me abrazas y me sueltas. Te beso con los ojos cerrados por miedo a abrirlos y que desaparezcas. Me rozas y yo caigo en una espiral de placer y dolor. Todo ha sido tan fugaz que una estrella nos ha visto y he pedido un deseo. Y es que, sinceramente, prefiero mil veces un amor de cuatro estaciones a un "maravilloso" amor de verano. Y lo has conseguido, porque ya no sé si ha pasado un siglo o apenas unas milésimas de segundo. No sé si siento frío cuando te noto o calor cuando me desvistes con la mirada. Todos mis puntos son debiles si eres tú el que los toca.

El verdadero insomnio es no soñar contigo

Qué difícil es la distancia para el que ama. Qué difícil es el tiempo para el que espera. Que frío es el invierno para el que desea que llegue el verano. Habrá que querer más despacio para que el mundo gire más deprisa. Cuántas noches en vela en una cama demasiada grande sin ti. Ya no noto el aliento en mi nuca cuando me abrazas ni tus dedos en mi espalda. Mi almohada huele a insomnios y a horas pensando en ti. Mis labios rotos piden a gritos ser curados y mis cicatrices duelen más que nunca.
Y dicen que el amor es verdadero cuando duele y tú dueles mucho. Dueles más de lo que puedo soportar cuando estás lejos. Pero es extraño, porque también alivias cuando los kilómetros se hacen milímetros y te devuelvo los besos que nunca te di. Es en ese momento cuando me doy cuenta de que en toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo. Y juro que ahora mismo tú y yo somos …

No voy a pedir perdón por descubrir en ti la luz de mis latidos.

El mundo se vuelve pequeño y nosotros nos engrandecemos, amor. Cualquier espacio entre nosotros sabremos cómo salvarlo. Da igual si estoy a milímetros de tu respiración o a kilómetros de tu cama. Siempre volveré; volveré como lo hace el otoño después de cada verano. Pero no seré tan fría ni tan dura como el otoño. No nublaré tus sueños ni haré llover sobre tus mejillas, solo seré un viento fuerte y cálido que sopla día y noche y que pondrá patas arriba tu mundo. Déjame ser las gotitas de rocío en las yemas de tus dedos.
Habitaciones oscuras, ropa en el suelo, carmín en el cuello de tu camisa, los últimos acordes de una triste canción. Tu y yo, siluetas en la noche que se cruzan y se mezclan, que se besan y se apartan. Tú mi norte, yo tu sur y este mi oeste. Y es que, sinceramente, nos faltan muchas horas de artes más sencillas. Yo las llamo las 3C: cama, caricias y cosquillas. Y es que todo empezó con un "Y se besaron sin saber que eso cambiaría todo" Y así será toda la vida…

You're...

Un verano que llega a su fin. Septiembre llega arrollando todo a su paso. Desbarantando nuestros planes de fundirnos juntos una noche más. Pero, ¿sabes qué? La vida es un constante verano contigo. Besos con sabor salado, melena al viento, gotitas de agua en mi cuerpo. Maldita distancia que me impide tocarte y dulce tentación que me lleva a soñarte. Septiembre es tan odiado como los lunes; la diferencia es que los lunes duran 24 horas y septiembre 30 días de continuas despedidas.
Te prometo no olvidarte jamás, ni siquiera nuestras amargas despedidas porque son la esencia de nuestros encuentros. Aunque es difícil aguantar la sonrisa cuando aún te tengo al lado y ya te echo de menos. Eres la causa de mi felicidad y de mi dolor a partes (des)iguales. Qué contradicción... Dejémoslo en: eres la causa de mí.
Todo llega, todo pasa, todo cambia.