martes, 2 de septiembre de 2014


Déjame sonreírte entre dientes sin mirarte a los ojos. Déjame dibujarte el mundo con el índice bajo el ombligo. No me mires así... si ya sabes por dónde voy. Déjame volver a disfrutar de tu cuerpo entrando en mis pulmones, sentir la nicotina de tu recuerdo estremeciendo mi ser. Y qué puta maravilla tu sonrisa. Esa que te viene de serie y me sienta de cine. La verdad es que eres un precipicio con vistas al mar y yo me hice adicta a las alturas. Que sé que no pides consejo porque temes que te digan la verdad. Porque me encanta que seas tú contra el mundo y el mundo contra ti. Pero eso sí, yo te lo ofrezco todo, pero no pidas menos, mi amor, ni te equivoques: si me das a elegir entre perderte por completo o estar conmigo en parte, voy a decirte adiós. Y es que con la luz del sol y la explosión de las hojas que crecen en los árboles, tuve la certeza bien conocida de que el amor crece como lo hacen las cosas en las películas a cámara rápida. Te conozco tan bien que sé que no estás vacío por dentro, sino que el polvo viciado que dejaban tus sueños fue lo que te devoraba. Todavía recuerdo aquella vez que me miraste a los ojos y me dijiste: "quizá pienses que soy subjetivo, pero te veo guapa siempre, incluso cuando no te miro. Cuando te mira cualquiera pienso que lo sigues siendo. Y espero que ese alguien no crea en el amor a primera vista".

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