Ir al contenido principal

Déjame sonreírte entre dientes sin mirarte a los ojos. Déjame dibujarte el mundo con el índice bajo el ombligo. No me mires así... si ya sabes por dónde voy. Déjame volver a disfrutar de tu cuerpo entrando en mis pulmones, sentir la nicotina de tu recuerdo estremeciendo mi ser. Y qué puta maravilla tu sonrisa. Esa que te viene de serie y me sienta de cine. La verdad es que eres un precipicio con vistas al mar y yo me hice adicta a las alturas. Que sé que no pides consejo porque temes que te digan la verdad. Porque me encanta que seas tú contra el mundo y el mundo contra ti. Pero eso sí, yo te lo ofrezco todo, pero no pidas menos, mi amor, ni te equivoques: si me das a elegir entre perderte por completo o estar conmigo en parte, voy a decirte adiós. Y es que con la luz del sol y la explosión de las hojas que crecen en los árboles, tuve la certeza bien conocida de que el amor crece como lo hacen las cosas en las películas a cámara rápida. Te conozco tan bien que sé que no estás vacío por dentro, sino que el polvo viciado que dejaban tus sueños fue lo que te devoraba. Todavía recuerdo aquella vez que me miraste a los ojos y me dijiste: "quizá pienses que soy subjetivo, pero te veo guapa siempre, incluso cuando no te miro. Cuando te mira cualquiera pienso que lo sigues siendo. Y espero que ese alguien no crea en el amor a primera vista".

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo te lo digo...

Una vez alguien me dijo que en el amor, estar a la altura es tener vértigo. Con el tiempo me di cuenta de que el fuego que une a dos personas es el más difícil de apagar y que el Infierno está mas cerca de lo que parece. Y, oye, no se está tan mal allí cuando conoces a alguien de mirada indestructible, pero de corazón hecho pedazos. Y ahora todas las noches debo ser tiempo, porque pongo cada cosa en su lugar. Yo creo que el amor es así: de pronto llega alguien que conoce quién eres y quién quieres ser y te construye a base de besos -que se dan cuando faltan las palabras-. Y es que no puedo evitar pensar que conocerte, supuso conocerme más a mí, ver(me) lo capaz que era la vida de ser más brillante, conocer(me) que no todo es blanco o negro, mirar(me) con otra perspectiva la vida -desde lo alto de la curva de tu sonrisa-, creer(me) que los imposibles no existen y que la vida está basada en improbables; que mientras haya una posibilidad entre un millón, vale la pena seguir luchando. El…

"¿Por qué no estar sin mí?"

Me lo preguntaste y no supe qué contestar. No sabía por dónde empezar y eso me sorprendió. Pero tenía todas las respuestas al final de tu sonrisa y donde empieza, por casualidad, el morbo descarado que tienes cuando te beso despacio.
Todo empezó cuando me enamoré de ti y después te conocí. Desde el principio supe que ibas a ser importante y subrayé tu nombre en mi cabeza, como sabiendo que la vida me haría preguntas y tú serías la única respuesta buena. Y resulta que las preguntas me las hiciste tú y qué mejor metáfora para definirte. "Mi vida" me pregunta y "mi vida" es la respuesta.
Hace ya algún tiempo que te conozco y sabes perfectamente que aún no me creo que estés aquí. Hablo de ti como si de un huracán se tratase, como si tu llegada, en vez de poner todo patas arriba, lo hubiera colocado todo en cajitas con nombres y apellidos.
Y desde entonces me apetece ser quien aparezca al abrir la puerta cuando crees que no hay nadie; me apetece perderme en lo prohibid…

Eres tú

Ahora entiendo muchas cosas de la vida. Sabía, por ejemplo, que iba a ser bello, incluso algo maravilloso; pero no sabía que ese amanecer tenía nombre y unos ojos que pedían a gritos unos cuantos versos. Sé que ahora me encanta viajar si el destino eres tú, si esa infinitud que tienes se hace posible y dentro de ti quepo yo. Sé también que intento aparentar calma mientras todo alrededor arde. Aprendimos a flotar en el vacío, desprendernos de la gravedad, alzarnos sobre el suelo. Lo aprendí contigo. Supe que dos cuerpos, dos mundos, dos estrellas latentes en lo eterno de un espacio de ojos cerrados, caben en cuatro paredes. Podría haber dicho que te he buscado sin saberlo, pero lo cierto es que te he encontrado sin buscarte, y eso lo sabemos ambos. No se si tú sabrás -yo ahora sí- que el deseo no cabe en el bolsillo, no es algo que se pueda guardar en un cajón. El deseo es mirarte y donde todos ven una sonrisa yo observar putos fuegos artificiales, es subir mis ojos por tus piernas ha…