Tuvieron que pasar maravillas. Se alinearon todos los astros, me chistaron al oído y me dijeron "girate" y entonces te vi. Lo tuvimos claro porque nuestra piel lo supo antes que nosotros mismos. Sabías que quien juega con fuego, se quema; yo creía en los impulsos y parecía que nuestros cuerpos eran viejos conocidos. Y vaya si jugaste... de hecho aquí sigues: el juego que convertimos en decisión. He sabido que tus ojos me miran con ternura a cualquier hora del día, y estoy segura de que me mirarán con decisión cuando necesite confianza. Tú has probado besos que se te clavan en el alma, abrazos que te reconstruyen. Sueños que nos salvan, horas que pasan, huecos vacíos, ganas aumentando. Tenemos demasiados miedos, pero no somos tontos; somos libres, como una bandada de pájaros. Necesitaba decirte que nunca imaginé que una locura me trajera tanta paz. Podríamos no haberlo hecho, pero lo hicimos. Y jugaría un millón de veces más.
Hace días que tengo la imperiosa necesidad de escribir(te). Hace días que siento que todo encaja porque tú eres la pieza. No te engañes, no es que me haya dado cuenta ahora. Es que cada día se confirma mi teoría del todo: eres la creencia que conecta todos los fenómenos físicos que ocurren en mí. Y siendo todo lo pragmático que quieras, creo que cualquiera se daría cuenta. Que puedo demostrar que dos líneas paralelas se han cruzado y unificado. Solo hay que vernos: juntos y revueltos. Que toda la corriente empirista se queda corta desde mi experiencia. Y cualquier lugar llamado Edén es innato a ti. He adquirido la certeza de que tu nombre causa más estragos que cualquier aleteo de mariposa al otro lado del mundo. Podrías poner todo patas arriba y nadie, nunca, diría que lo vio venir. Y si no mírame a mí que, después de tanto tiempo, aún sufro la vorágine que conlleva quererte como lo hago. Porque no hay mayor placer que compartir contigo el mismo hueco que creamos bajo ...

Comentarios
Publicar un comentario