Cariño, toma mis casualidades y conviértelas en fatalidades, en aquellos infortunios que me hacen esclava de estas ganas, que ya queman, de estar contigo. Dame besos, píntame con tus labios, bórrame los míos. Tú mejor que nadie sabes que los planetas chocan y del caos nacen las estrellas, y nosotros hacemos el amor y parece que venimos de la guerra. Qué preciosa metáfora, cuando mi inspiración tiene demasiado fuego dentro (exactamente el mismo que me enciende a mí). Soy pirómana. No controlo esta maldita sinestesia de ver lugares que me saben a ti; y no sé decirte las veces que me pregunto si de verdad sabes lo guapo que te pones cuando te pones... Pero qué sabréis vosotros, si no le habéis visto los ojos cuando sonríe. De verdad, digo. Yo, que nunca supe ser conmigo, me siento más diosa que nunca (y con una sonrisa a juego que me sienta de miedo -o de valentía-). Que te miro tan de cerca que te emborronas y se define la suerte, como la de no tenerte y saber que estas aquí todos los días. Lo curioso es que ahora todo me sabe distinto: como si un mordisco en dirección a mi labio cambiase el rumbo de las cosas. Parece mentira que incluso a oscuras, puedas tener tanta luz, tú, mi querido "chico universo".
Hace días que tengo la imperiosa necesidad de escribir(te). Hace días que siento que todo encaja porque tú eres la pieza. No te engañes, no es que me haya dado cuenta ahora. Es que cada día se confirma mi teoría del todo: eres la creencia que conecta todos los fenómenos físicos que ocurren en mí. Y siendo todo lo pragmático que quieras, creo que cualquiera se daría cuenta. Que puedo demostrar que dos líneas paralelas se han cruzado y unificado. Solo hay que vernos: juntos y revueltos. Que toda la corriente empirista se queda corta desde mi experiencia. Y cualquier lugar llamado Edén es innato a ti. He adquirido la certeza de que tu nombre causa más estragos que cualquier aleteo de mariposa al otro lado del mundo. Podrías poner todo patas arriba y nadie, nunca, diría que lo vio venir. Y si no mírame a mí que, después de tanto tiempo, aún sufro la vorágine que conlleva quererte como lo hago. Porque no hay mayor placer que compartir contigo el mismo hueco que creamos bajo ...

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