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Chico universo

Cariño, toma mis casualidades y conviértelas en fatalidades, en aquellos infortunios que me hacen esclava de estas ganas, que ya queman, de estar contigo. Dame besos, píntame con tus labios, bórrame los míos. Tú mejor que nadie sabes que los planetas chocan y del caos nacen las estrellas, y nosotros hacemos el amor y parece que venimos de la guerra. Qué preciosa metáfora, cuando mi inspiración tiene demasiado fuego dentro (exactamente el mismo que me enciende a mí). Soy pirómana. No controlo esta maldita sinestesia de ver lugares que me saben a ti; y no sé decirte las veces que me pregunto si de verdad sabes lo guapo que te pones cuando te pones... Pero qué sabréis vosotros, si no le habéis visto los ojos cuando sonríe. De verdad, digo. Yo, que nunca supe ser conmigo, me siento más diosa que nunca (y con una sonrisa a juego que me sienta de miedo -o de valentía-). Que te miro tan de cerca que te emborronas y se define la suerte, como la de no tenerte y saber que estas aquí todos los días. Lo curioso es que ahora todo me sabe distinto: como si un mordisco en dirección a mi labio cambiase el rumbo de las cosas. Parece mentira que incluso a oscuras, puedas tener tanta luz, tú, mi querido "chico universo".

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"¿Por qué no estar sin mí?"

Me lo preguntaste y no supe qué contestar. No sabía por dónde empezar y eso me sorprendió. Pero tenía todas las respuestas al final de tu sonrisa y donde empieza, por casualidad, el morbo descarado que tienes cuando te beso despacio.
Todo empezó cuando me enamoré de ti y después te conocí. Desde el principio supe que ibas a ser importante y subrayé tu nombre en mi cabeza, como sabiendo que la vida me haría preguntas y tú serías la única respuesta buena. Y resulta que las preguntas me las hiciste tú y qué mejor metáfora para definirte. "Mi vida" me pregunta y "mi vida" es la respuesta.
Hace ya algún tiempo que te conozco y sabes perfectamente que aún no me creo que estés aquí. Hablo de ti como si de un huracán se tratase, como si tu llegada, en vez de poner todo patas arriba, lo hubiera colocado todo en cajitas con nombres y apellidos.
Y desde entonces me apetece ser quien aparezca al abrir la puerta cuando crees que no hay nadie; me apetece perderme en lo prohibid…

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Evocación

¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Yo la he recordado hoy. Y la semana pasada, y hace dos meses... Recuerdo perfectamente aquel momento porque no parabas de sonreír y era la sonrisa más bonita que había visto en toda mi vida. Cómo podía brillarle tanto a alguien el corazón, cómo podía alguien tener los ojos tan aniñados y, al mismo tiempo, la mirada tan salvajemente rasgada. Qué loca me volviste y qué locura tan bonita fue. Recuerdo que yo hablaba sin parar y tú me mirabas atónito sin mediar palabra. Recuerdo lo mucho que querías volar y que tenías en la espalda más de cien alas. Y que esa noche viajamos, porque hablar contigo era viajar y tú y yo queríamos comernos 
-y al mundo también-. Qué caricia tan suave puede ser a veces el pasado. Qué precioso es tenerte y probarte libre. Qué bonito saber que cuando te fuiste de mi estómago fue para mudarte al corazón. Qué utopía pensarte y decirte que las razones por las que te quise esa noche, siempre serán las razones por las que nunca dejaré…