¿De verdad pensaste que todo se había acabado? Para que voy a engañarte, yo también lo pensé. Hasta que volví a abrazar el frío más abrasador que he acariciado jamás. Ahí me di cuenta de que hasta entonces no había vivido. Eso mismo dijiste tú cuando descubriste el infierno justo debajo de mi ombligo. Y volvimos a ser como esa eterna espera que nos había acompañado durante toda la vida, pero la diferencia es que ahora esa espera merecía la pena. He convertido tu cama en mi santuario y no sé cuando me gustas más: proclamándote dios o confesándote humano. Porque si todas las noches durmieras conmigo, dormirían menos tristes las palmas de mis manos y es que cuando te acaricié descubrí que había vivido toda mi vida con las manos vacías. He vuelto a contar tus lunares y he vuelto a crear galaxias en tu espalda. Me he vuelto a tirar por el precipicio de tus pestañas y me he quedado a vivir en la curva de tu sonrisa. He vuelto a dormir en tu almohada y a aguantar los gritos en mitad de la noche. Y tú... tú has vuelto a ser tal y como te conocí. Porque no hay nada más bello que un amanecer entrando en nuestra habitación, llenando de luz cada rincón sin saber que yo llevo despierta más tiempo que el propio Sol observando cómo te llenas como la Luna. Porque un día las nubes se tumbaron en el cielo y se dedicaron a hacer fomas con nuestros cuerpos. Y hasta ahora nos va bien. Encajamos a la perfección.
Hace días que tengo la imperiosa necesidad de escribir(te). Hace días que siento que todo encaja porque tú eres la pieza. No te engañes, no es que me haya dado cuenta ahora. Es que cada día se confirma mi teoría del todo: eres la creencia que conecta todos los fenómenos físicos que ocurren en mí. Y siendo todo lo pragmático que quieras, creo que cualquiera se daría cuenta. Que puedo demostrar que dos líneas paralelas se han cruzado y unificado. Solo hay que vernos: juntos y revueltos. Que toda la corriente empirista se queda corta desde mi experiencia. Y cualquier lugar llamado Edén es innato a ti. He adquirido la certeza de que tu nombre causa más estragos que cualquier aleteo de mariposa al otro lado del mundo. Podrías poner todo patas arriba y nadie, nunca, diría que lo vio venir. Y si no mírame a mí que, después de tanto tiempo, aún sufro la vorágine que conlleva quererte como lo hago. Porque no hay mayor placer que compartir contigo el mismo hueco que creamos bajo ...

hola cielo! un texto precioso, nos sorprendemos cuando pensamos que todo acaba de una vez por todas. Pero una vez más la vida nos da una sorpresa y nos demuestra que estábamos engañados. Y nos regala las noches mas dulces. un besito♥
ResponderEliminar